viernes, 31 de julio de 2009



Fernando Carrión es arquitecto y maestro en desarrollo urbano y regional. Dirige el Programa de Estudios de la Ciudad de Flacso, sede Ecuador. Sus áreas de especialización son los centros históricos, la seguridad ciudadana, las políticas urbanas, fútbol, planificación y vivienda, entre otros.

Escuche en el siguiente audio su posición frente a algunos de estos temas, desarrollados en la conferencia inaugural del seminario Prácticas culturales para mejores ciudades.


Fernando Carrión

martes, 28 de julio de 2009

Transformación de Conflictos



Desde hace un año, Alianza Cívica está trabajando la metodología de Transformación de Conflictos de Lederach para reducir la inseguridad ciudadana en la colonia Miravalle de la Delegación Iztapalapa.
Partimos de la idea que el conflicto entre las propias identidades juveniles, los vecinos de la colonia y la policía comunitaria es causa de la falta de reconocimiento y respeto mutuo entre estos actores. Nadie reconoce los intereses de cada grupo lo que fomenta una cultura de intolerancia en la cual no aprendemos a respetar y a vivir con el otro. La falta de espacio público en la comunidad enfatiza esta problemática impidiendo a los vecinos apropiarse de la colonia y crear una identidad comunitaria, donde desarrollan actividades en conjunto. Creemos que es indispensable apoyar los esfuerzos de desarrollo comunitario y crear una cultura ciudadana. Por eso, hemos participado e impulsado un espacio de diálogo en el cual, los actores locales pueden expresar sus opiniones y los avances de los proyectos desarrollados en la comunidad.
Anna Laure Francois.

martes, 21 de julio de 2009

México, pobreza social y pobreza política.

Rogelio Gómez Hermosillo.
Hablar de pobreza es polémico y hablar de pobreza es importante.
Resulta políticamente correcto hablar de combatir la pobreza, superar la pobreza y resulta un cliché en el debate político achacar al adversario de cada quien la responsabilidad o la culpa de la pobreza.
Los políticos usan la pobreza (los datos, la información, el concepto, en fin, lo que sea) como discurso.

Y sin embargo, en México hay muchas ciudadanas y ciudadanos auténticamente interesados, preocupados, concientes de la necesidad de "hacer algo" para reducir la pobreza, que estarían dispuestos "a hacer algo" para mejorar las condiciones de vida de los pobres, y que aplaudirían a quienes se decidan a actuar con firmeza frente a la pobreza.


Estas personas, son gente "normal", no pertenecen a partidos políticos y no pretenden cambiar al mundo. Más bien, son personas deseosas de encontrar formas de actuar viables, a su alcance y efectivas a favor del desarrollo incluyente, a favor de acciones, proyectos y programas que generen soluciones que sí funcionen frente a la pobreza.

Si tu eres una de esas personas. Aquí -pronto- vas a encontrar información y datos que ayuden a comprender mejor la realidad de la pobreza en México, y también información y datos sobre lo que el gobierno y la sociedad está haciendo para reducir la pobreza o superarla.

El tema es polémico, hay mucha filosofía, mucha ideología y mucha carga emocional al hablar de pobreza, pero lo más grave es que los políticos sólo lo aprovechan como tema de discurso.

Nosotros no tenemos la solución única y verdadera. No pretendemos tener una varita mágica o ser poseedores de la verdad absoluta.

Queremos compartir información y datos. Datos e información. Información seria. Datos duros. Verificables. De fuentes confiables. No anécdotas o chismes. No amarillismo o escándalo. Datos.
Por ejemplo: ¿Cómo se mide la pobreza en México y para qué sirve eso?

O, por ejemplo: ¿Cuál es la cobertura de las campañas de vacunación en cada uno de los estados y municipios del país? Y hasta aquí lo dejamos, alguien podrá preguntar, ¿qué tiene que ver la vacunación con la pobreza? Eso lo trataremos de explicar -con datos, con información- más adelante.


Por ahora, esperamos recibir respuestas a la siguiente pregunta: ¿Pueden los ciudadanos hacer algo para que haya menos pobreza en México?

Clientelas infieles y voto duro


Lourdes Morales Canales
MÉXICO, D.F., 20 de julio (apro).- En la sede del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se presentaron, hace unos días, resúmenes muy breves sobre los principales hallazgos que hicieron las 26 organizaciones que observaron las elecciones del pasado 5 de julio, con el auspicio del Fondo de Apoyo para la Observación Electoral.


Dicho fondo fue creado por el gobierno mexicano en 1994, año en el que por primera vez se reconoció jurídicamente la figura del observador electoral, con la idea y la urgente necesidad, después de 1988, de darle mayor legitimidad, credibilidad y participación ciudadana a la elección.

Desde entonces hasta ahora, cada que hay elecciones federales, este fondo se somete a concurso y es administrado por el PNUD bajo la supervisión de un Comité Técnico de Evaluación autónomo.

Para la elección del pasado domingo 5 se destinó un monto de 21 millones 837 mil 758 pesos para proyectos de observación electoral. Y en varios de los informes, que implicaron el seguimiento de todas las etapas del proceso electoral en estados con y sin elecciones coincidentes, fue constante la mención sobre prácticas de acarreo, violación de la secrecía del voto, manipulación, compra y coacción del voto por parte de diversas fuerzas políticas, pero en particular PRI-PVEM, PAN y PRD.

La distribución de la participación electoral en el país muestra, en primer lugar, el efecto "de arrastre" en siete de los 11 estados con elecciones coincidentes, ya que a pesar del previsible abstencionismo, Campeche, Colima, Estado de México, Morelos, Nuevo León, Querétaro y San Luis Potosí aumentaron de dos a cinco puntos porcentuales su participación electoral con respecto a 2003.

En segundo lugar, se trata de la geografía del voto nulo, ya que tal y como se había previsto, este fenómeno se presentó de manera más importante en entidades con fuerte concentración urbana y acceso diverso a medios de comunicación.

Las variaciones más importantes con respecto a 2003 se presentaron en el Distrito Federal (10.8%), Aguascalientes (7.8%), San Luis Potosí (7.5%), Tlaxcala (6.5%) y Jalisco (5.3%), mientras que en el resto del país la variación con respecto a 2003 fue de apenas un punto porcentual.

Finalmente, el fenómeno Estado de México fue determinante en la distribución de la participación, ya que a diferencia del año mencionado, esta entidad, que concentra el padrón electoral más importante del país (10 millones 056 mil 818 electores), tuvo elecciones locales en la misma fecha que las federales. ¿Qué hay detrás de esta participación?

Los informes de observación muestran la forma en la que los partidos políticos destinan recursos que provienen del erario para la compra del voto. Sin embargo, mientras se reprueban las acciones de los partidos, pocos se centran en la existencia de una cultura política enraizada en los votantes, producto de la relación con las instituciones, la cual no sólo hace que estas prácticas continúen y proliferen, sino que además modifican de raíz el sentido del voto. Es decir, se toma el punto de vista del patrón y casi no se analiza el punto de vista del cliente.

México no es exclusivo de este tipo de prácticas y tampoco se puede decir que sólo suceden en democracias poco consolidadas. Sin embargo, las formas de articulación con los partidos políticos y con el poder sí tienen que ver con los niveles de desarrollo institucional, educativo y político.

Por ejemplo, en Filipinas el vínculo del utang na loob (deuda de agradecimiento) ha sido señalada como una práctica cultural mediante la cual los votantes de zonas poco favorecidas se sienten en deuda con aquéllos candidatos, pero sobre todo con los líderes locales que logran intermediar obras y servicios en beneficio de la comunidad.

De igual forma, en Benin el pluralismo partidista ha hecho de la elección un momento de negociación en donde, bajo la promesa del voto mayoritario, líderes locales negocian todo aquello que el presupuesto y la maltrecha descentralización africana no logra cubrir para los habitantes.

En México, lo que ha generado el clientelismo es un encarecimiento acelerado del costo del voto y una desvinculación de los ciudadanos con los asuntos públicos. Es cada vez más escaso el valor que se le da al voto como vía de elección de representantes, pero sobre todo como único mecanismo que contamos para sancionar o premiar de manera directa el desempeño de las administraciones.

En contraparte, nos encontramos frente a un escenario en donde, entre más competencia, más oferta y, por lo tanto, más costo y pragmatismo electoral. Esto explica la falta de quejas y denuncias presentadas ante los consejos locales electorales durante la elección 2009: de 755 quejas, sólo nueve están vinculadas a actos de compra, coacción del voto y utilización de programas sociales.

Partidos políticos, empresarios, sindicatos y ciudadanos en general se vuelven cómplices y parte de una misma cultura en donde los recursos se gastan inútilmente en una corta y costosa transacción.

Por otro lado, también estamos frente a un cambio repentino de conformación en las zonas anteriormente caracterizadas como de "voto duro" (o voto claramente definido por una fuerza política).

Sólo para tener una referencia: en 2006, de los 300 distritos electorales, 201 eran de "voto duro", es decir, tuvieron márgenes de diferencia entre el primero y el segundo lugar, en elección para diputados, superiores al 10%, mientras que en 2009 esta cifra se redujo a sólo 170 distritos.

En estos, además, el voto mayoritario fue por un partido diferente al que se votó en 2006. Los casos de Iztapalapa en el Distrito Federal; Poza Rica en Veracruz; Cuautitlán y Huixquilucan en el Estado de México; Cuernavaca en Morelos, y Pachuca en Hidalgo, nos hacen pensar que la noción de voto duro ya no es estable.

Las clientelas políticas son cada vez más infieles y cada vez más utilitaristas y caras para todos: La mercantilización de la elección hace de ésta un ritual que se aleja cada vez más de los ideales democráticos. Sin duda, eso explica los gobiernos y representantes que tenemos.

lunes, 20 de julio de 2009

Después del voto nulo . . .

Demandas ciudadanas

La Asamblea Nacional por el Voto Nulo acordó el 30 de junio impulsar tres demandas ciudadanas para dar mayor poder y participación a la ciudadanía en los asuntos públicos:

  1. Establecer en las leyes los mecanismos de democracia directa como el plebiscito, el referéndum, la revocación de mandato y la iniciativa legislativa popular.
  2. Reducir el financiamiento público a los partidos políticos y obligarlos a mayor transparencia y rendición de cuentas
  3. Posibilitar las candidaturas ciudadanas independientes 

Este primer acuerdo fue un gran triunfo dada la pluralidad política y la diversidad de experiencias, aspiraciones y trayectorias de las personas, grupos y organizaciones que participaron en esa Asamblea.

Como un siguiente paso, la Asamblea Nacional Ciudadana realizada el sábado pasado (18 de julio) en Guadalajara, avanzó en la configuración del movimiento como una red, horizontal, plural, abierta y en la importancia de darle articulación combinando los medios cibernéticos y la difusión directa en espacios públicos.

Se decidió generar espacios de deliberación "interna" para clarificar las tres demandas de manera muy participativa y se acordó impulsar que las propuestas lleguen al Legislativo para que se incluya en la agenda nacional mediante un proceso amplio y abierto de deliberación, abierta a la ciudadanía.

Son pasos iniciales. Todavía falta por avanzar, sin embargo, poco a poco se va configurando el rostro de un movimiento plural, exigente e innovador, con amplia participación juvenil, que puede hacer la diferencia en el corto, pero sobretodo, en el mediano y largo plazo para la renovación de nuestra vida pública y la ampliación de los derechos democráticos.
 
Julio 20, 2009

jueves, 16 de julio de 2009

Representación sin equidad



Lourdes Morales Canales

La crisis de la representación que se vive entre ciudadanos y miembros del Congreso tiene otra de sus expresiones en la representatividad que tendrán las mujeres en la cámara baja y en el acceso de éstas a puestos de elección popular. Aún y cuando hay más mujeres que hombres en el país y que el padrón electoral está actualmente integrado por un 48.2% de hombres y un 51.7% de mujeres, pocas han sido las que logran librar las barreras culturales, sociales y políticas para acceder al poder.
Existen diversos mecanismos para propiciar una mayor representación de las mujeres y/o de grupos que han sido, por diversas causas, excluidos históricamente del ejercicio de derechos políticos (participación, representación, asociación). Uno de ellos son las disposiciones jurídicas mediante leyes concretas, o la creación de instituciones específicas. En los sistemas electorales, el más común, es la creación de cuotas partidistas.
El actual Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) establece diversos lineamientos para garantizar un piso mínimo que favorezca la equidad de género tanto en las dirigencias partidistas como en las candidaturas (mínimo el 40%). Asimismo, algunos partidos políticos reformaron sus estatutos para incorporar una cuota de género y el PRI y el PRD establecieron que la equidad sería del 50% en las candidaturas ¿Qué pasó? Tras la elección del 2009, solo 52 mujeres fueron electas en los 300 distritos electorales federales (16 del PAN, 25 del PRI, 6 del PRD y 5 de la coalición PRI-PVEM). Esto representa solamente el 17% lo cual constituye un avance de apenas un punto porcentual con respecto a la legislatura anterior en la cual fueron electas por la vía directa 49 mujeres. Si a esto le agregamos el número de mujeres que ocupan un lugar en el Senado, tenemos que solamente 23 mujeres de 128, es decir, el 18% mantienen una curul. Sin duda, a estos porcentajes habría que agregar a las mujeres que quedarán electas por la vía de la representación proporcional. Sin embargo, no deja de llamar la atención cómo es que los partidos políticos decidieron cuáles distritos tendrían como candidatas a mujeres y cuáles no ya que si realmente respetaron la proporcionalidad del 50%, pareciera que a algunas mujeres las dejaron en los distritos en los que sabían que iban a perder.
La representación-espejo descrita por Mirabeau, en la cual el Congreso debía de ser el reflejo exacto de la nación, no garantiza tampoco que los representantes electos por criterios culturales y de género (indígenas, homosexuales, mujeres, sindicalistas) deben representar mejor los intereses de ciertos grupos, pero si se espera que sean más sensibles a ciertos temas y que al menos el Estado, si cumple su función de inclusión, garantice su adecuada participación. Aún así, como bien señala el proyecto de observación de la organización “Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad” del universo de mujeres electas en la LXI legislatura, hay que indagar y conocer las trayectorias y perfiles para ver si realmente podrán establecer alguna agenda común con las organizaciones y grupos de mujeres que han luchado a contracorriente por temas tan necesarios como los derechos reproductivos, la disminución de la mortalidad materna y la despenalización del aborto.
Los enemigos de la paridad por mandato, sostienen que la creación de cuotas o el trato diferenciado es en sí una injusticia frente al grupo dominante ya que nada garantiza por ejemplo que una mujer pueda representar mejor a las mujeres o bien, que al facilitarle el acceso a puestos de elección popular, tendrá más capacidades que un hombre. Sin embargo, es un hecho que no se puede tratar igual a los desiguales y que en México, la participación y representación política de las mujeres presenta un rezago alarmante. En el Reporte sobre el índice global sobre disparidad de género presentado este año en el Foro Económico Mundial de Davos se puede leer que de una muestra de 128 países considerados con regímenes democráticos, México pasó del lugar 75 en 2006 al lugar 97 en 2008 con respecto a la disparidad de género. El índice toma en consideración aspectos vinculados a acceso a la política, a la salud, a la educación y a la economía. México se encuentra después de países con menos niveles de desarrollo y en donde se han librado luchas y enfrentamientos sangrientos por el reconocimiento de derechos de las mujeres indígenas como Bolivia, Bangladesh, Zimbawe y Cambodia. Las causas de esta disparidad no solo son estructurales, por el nivel de educación y la participación en el mercado laboral, sino que también son culturales por el rol de género pre-asignado a las mujeres y los patrones de comportamiento reproducidos desde el hogar hasta las escuelas. A estas formas de discriminación habría que agregar además las institucionales en donde se combinan formas sutiles y brutales de discriminación como lo es el que las mujeres reciban menos remuneración que los hombres aunque hagan el mismo trabajo o el papel que se les asigna. Sin duda, el 2009 deja a los partidos políticos en medio de una crisis de la representación que muestra que las medidas tomadas hasta ahora, no han sido lo suficientemente eficaces para lograr mayor paridad en la representación. Solo la ciudadanización de la agenda de la LXI legislatura mostrará si los diputados desean o no legislar para un electorado escéptico, anulista en las zonas metropolitanas y poco representado en lo que se refiere al acceso de las mujeres a los puestos de representación popular.

julio 2009